Conejos de Polvo está entrando en una etapa de movimiento constante. No es un impulso improvisado ni una maniobra técnica: es un acto de resistencia. Mario Rey lo resume sin rodeos. Mantenerse vigente, no perderse en el ruido, vencer las propias dudas. Todo al mismo tiempo. Ese estado exige reinventarse cada día, aprender algo nuevo, asumir retos que no existían ayer. Por eso ahora el proyecto está tomando un nuevo rumbo.
Las colaboraciones para el siguiente EP son parte de esa transformación. No son simples alianzas; son hilos que vienen desde atrás. Músicos emergentes y otros que parecían retirados regresan a escena para cerrar ideas que en su momento quedaron suspendidas. Retomar eso es recuperar palabras que no podían quedarse mudas. Esas voces compartidas son una de las razones por las que Conejos de Polvo existe hoy.
En paralelo, el proyecto se está posicionando en espacios donde antes no figuraba. Wikis, Bandcamp, plataformas donde la presencia no ocurre por casualidad. Es trabajo silencioso, casi invisible, pero necesario para que la obra respire. No puedes detenerte. Este juego se gana por resistencia, no por velocidad.
Cada acción —devolverle vida a colaboraciones antiguas, abrir puertas con músicos que tienen caminos distintos, escribir el nombre de la banda en lugares donde antes no aparecía— responde a una misma idea: compartir. Que la música sea un refugio. Que exista un sitio donde estar mientras pasa la tormenta. Conejos de Polvo avanza porque tiene claro ese destino, uno donde las voces del pasado y del presente encuentran espacio para decir lo que aún tenían guardado.

